COLOMBIA, INDIFERENCIA SALVAJE.

COLOMBIA, INDIFERENCIA SALVAJE.

Por: Josué David Martínez

“Desde glaciares ancestrales a lagos misteriosos; del felino más fuerte del mundo a serpientes formidables; de costas intactas que sirven de guía a las aves majestuosas. Milagrosas cascadas y plantas como fuentes, proveen agua pura, para vivir. Imagina un mundo donde la naturaleza impera. Donde las montañas esconden edenes aún inexplorados, de fabulosas y desconocidas criaturas; de bosques cual tesoros; un verdadero mundo perdido; un paraíso que aún existe… ¡Bienvenido a Colombia!”

Súmele al anterior párrafo un acompañamiento de música épica, unas imágenes de paisajes majestuosos y la interpretación inconfundible de “Julito” y seguro se emocionará hasta las lágrimas mientras lo ve. Pues así es la propaganda del documental “Colombia magia salvaje” que se estrenó por estos días en las salas de cine del país.

Es verdaderamente impresionante la riqueza natural que tiene nuestro país. Cuando van rodando las imágenes y van nombrando uno a uno los recursos, uno no cree que se estén refiriendo a Colombia. ¿De veras hay todo eso acá? Y nosotros por qué creemos que no somos nadie y que vivimos en un hueco de país subdesarrollado.

Aparte de las riquezas tenemos muchas otras ventajas como las mujeres tremendamente hermosas, lo buena gente que son nuestras personas, una posición geográficamente privilegiada, agua suficiente (en la mayoría de nuestro territorio) hasta para bañarnos 3 veces al día, etc. Pero increíblemente crecimos creyendo que somos unos tercermundistas, acabados que no nos quieren en ningún lado, que tenemos que pedir permiso para entrar en cualquier otro pedazo de país y que lo único por lo que somos famosos es por ser magos para traficar droga y por albergar una de las guerras más largas de la historia.

Me causa una curiosidad tremenda que con tanto recurso y cosa bonita, nuestro país tenga tan mala imagen, no sólo para los foráneos sino para nosotros mismos. En ningún lado se habla tan mal de Colombia, como en Colombia. Es algo extraño, es un complejo de inferioridad crónico que nos hace pensar que todo acá es malo. ¿No ha escuchado a la gente? Nada les sirve, todo es malo. Cada presidente que sube es peor, el clima que esté haciendo les molesta, no les gusta lo que hacen, les cae mal todo el mundo, las noticias siempre son malas, la policía es la más mala del mundo, los políticos son los más corruptos, etc.

Pero, un momentico: ¿Luego a un país no lo componen todos sus habitantes, luego los integrantes de la fuerza pública y de la política y del sector judicial y del gobierno no son personas como usted y como yo; acaso son extraterrestres? ¿Luego no quedamos en que sociedad somos todos? ¿Luego no decimos que cada uno pone su grano de arena?
¿Ha escuchado personas que le echan la culpa de todo al presidente, al alcalde y al congreso? Yo le pregunto a esa persona que no hace sino hablar mal del alcalde: ¿Qué culpa tiene Petro o Peñalosa de que usted no sea capaz de botar la basura en el lugar indicado?

Le pregunto al que critica todo el tiempo a Santos por no alcanzar la paz: ¿Qué culpa tiene el presidente de que su relación con las personas de su casa, oficina y en la calle sea una pelea constante como de perros y gatos? Le pregunto al que publica todo el tiempo el salario de los senadores, quejándose de la corrupción: ¿Qué hace usted cuándo comete una infracción de tránsito y no la quiere pagar? ¿Acaso deja de ser corrupción cuándo se trata de poco dinero? Entonces cuando usted por un lado se queja por lo podridos que estamos por cuenta de la corrupción y por el otro soborna a un policía para no pagar las consecuencias de sus actos; ¿A qué cree que está jugando? Lo que tiene es envidia de que algunos se lucren por este medio, pero su intención está lejos de querer que se hagan bien las cosas. A mí me parece que esa queja no es sino una forma de evadir responsabilidades.

Es mucho más fácil pegarse al montón y seguir hablando de lo mal que está el país, que comenzar a ser conscientes de que todos tenemos nuestra parte en el cambio de esta sociedad.

Lo que pasa es que se han delegado responsabilidades sociales que han llevado a degenerar el desarrollo sano y normal de las personas. Por alguna razón muchos padres de familia cambiaron estar cerca a sus hijos enseñándolos y guiándolos por correr detrás de trabajos que consumen sus años y su energía; porque alguien dijo que lo más importante era dejarles educación a sus hijos. Y se comete un error cuando se piensa que la educación y la cultura están a salvo cuando se tienen los recursos para pagar una carrera universitaria. ¡Nada más lejos de eso! Uno puede llegar a la universidad mal educado y salir de allí peor de como entró. Uno puede ser educado, culto, respetuoso y con principios y bases morales bien estructuradas sin necesidad de haber pisado nunca un salón de universidad. Se ha perdido la forma correcta de hacer las cosas. Se ha olvidado la parte esencial de la sociedad. Se ha dejado de lado lo más importante y es por eso que todo el resto tambalea.

La familia es la base de toda la sociedad. De la casa salen al mundo personas de bien o personas de mal. Lo que se aprendió en la casa es lo que se muestra luego en la calle. La forma en que se actuó en la casa ante situaciones diferentes, es la forma en que van a actuar las personas afuera. El ladrón, el vicioso, el abusivo, el irrespetuoso, pero también el amable, el correcto, el de buenas costumbres; todos tuvieron un ejemplo a seguir, todos siguieron un molde. Y si en su casa, con su familia no pudieron encontrar un patrón correcto; ¿De quién fue la culpa?

La responsabilidad de inculcar en los hijos las buenas costumbres, el respeto por el otro, la amabilidad, el servicio, la honestidad; no es de los profesores en el colegio. El respeto por la autoridad no se enseña en la universidad, todo lo contario. ¿Cómo pretende que un muchacho respete las autoridades en la calle si nunca le enseñó a respetarlo ni siquiera a usted mismo? ¿Ahora quiere que respete a la policía cuándo usted estando con él nunca lo hizo? ¿Cómo se refería usted a las autoridades en su casa? ¿Cumplía las normas establecidas? ¿Por qué pretende que los más jóvenes las respeten ahora? ¿Le enseñó con su ejemplo a respetar y cuidar a las mujeres, cumplía con sus obligaciones, era correcto y honesto haciendo cada cosa? ¿Por qué exige cosas que usted no está dispuesto a hacer?

El primer aprendizaje de cada persona es en su casa, con sus padres, con sus hermanos, con sus vecinos. Cada colombiano crece hablando lo que oye decir, haciendo lo que ve hacer, odiando lo que ve odiar. Y cada persona que decide traer hijos al mundo es responsable de sus principios y valores y es responsable de la persona que se está formando en su casa. Así que sería bueno que Colombia se diera cuenta de que el cambio no está en firmas de tratados, ni en un presidente u otro, ni un partido ni otro. No importa con cuántos recursos naturales contemos, este seguirá siendo un país en decadencia social hasta quecada persona tome la responsabilidad de hacer de su casa, de su familia, un nido de buena educación en donde se enseñe a los hijos a ser personas antes de profesionales, a respetar a los demás por encima del bien individual, a pensar en los demás y no sólo en sí mismos; y un sinfín de valores y principios que se han perdido y que no van a ser recuperados por ningún alcalde ni presidente ni movimiento político.

La gente critica queriendo cambiar el mundo con lo que dice; pero no se dan cuenta de que cambiando su mundo van a hacer la diferencia. Si todos nos dedicamos a cambiar nuestro mundo, juntos seguro lograremos darle vuelta a este panorama tan desolador y decepcionante.

Aunque hay mucho trabajo por hacer y mucho por reestructurar, lo más sabio que podría hacer nuestra sociedad es precisamente lo contrario a lo que ha venido haciendo. En vez de estar buscando satisfacer sus deseos personales y estarse permitiendo cada vez más desordenes y libertinajes; todos los integrantes de las familias deberían volver sus corazones a Dios. Si queremos que esto se revierta, debemos ir por el camino correcto. ¿Le parece que los resultados de hacer las cosas como nos parece son buenos? Entonces hay que detenerse y replantear. No se consiguen resultados diferentes haciendo las mismas cosas equivocadas de siempre.

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